Los mayas desarrollaron un sofisticado sistema matemático en base 20, e incluso entendían el concepto del cero. Interesados por la naturaleza y por el universo, fueron grandes astrónomos y su forma de medir el tiempo no estaba relacionada ni con los ciclos lunares ni con los estacionales; sino con el año solar.
No fue hasta la década de 1990 que los arqueólogos lograron reconstruirlo, a pesar de ciertas divergencias entre los expertos. En estos momentos se cree que existían tres calendarios mayas: el Tzolkin para uso religioso (dividido en 20 períodos de 13 días), el Haab para uso civil (dividido en 18 períodos de 20 días cada uno más 5 días extras al final para la oración, lo cual daba un total de 365 días) y finalmente el conocido como “Cuenta Larga” (o “Serie Inicial”) que simplemente contaba los días desde una fecha de inicio.
Sea cual sea la fecha ¿por qué esa y no otra? Nadie lo sabe. Lo único que parece claro es que hace referencia a un tiempo anterior al menos en 1.200 años a las primeras evidencias de la civilización Maya, y 3.000 años anterior al desarrollo del sistema de calendarios. Se cree que el formato que empleaban para contar los días (que se dividía en 5 partes) no era flexible, sino que estaba limitado a 1.872 millones de días, de modo que teniendo en cuenta la fecha de inicio, este calendario alcanzaría su valor máximo en torno al 21-23 de diciembre del 2012.
Ahí es donde empiezan las predicciones agoreras. Lo que parece olvidar la gente es que los mayas veían al universo adscrito a ciclos diurnos, lunares, estacionales y solares. Por lo que tiene sentido pensar que el calendario “Cuenta Larga”, al igual que muchos otros (como el chino), fuese así mismo cíclico. Un ciclo ciertamente largo, pero un ciclo al fin y al cabo.
No existen razones para pensar que los mayas creyesen que el final de este calendario supusiese el fin del tiempo. Así pues, pensad en él como un cuentakilómetros gigante en el que una gran cadena de nueves pasará a convertirse en ceros.
Se quiere inquietar un poco a su audiencia y usar todo este alboroto para hacer que la gente piense acerca de su destino eterno. Y bien. Pero creo que por eso le da un poco demasiada credibilidad a algunas de las razones que se presentan, especialmente las “científicas”. A mi modo de pensar, el señor va a venir cuando él esté listo y creo que esto tendrá poco que ver con todas estas ridículas teorías. Entonces prediquemos la venida del señor en base a la profecía bíblica y no en base a estas efémeras especulaciones.

